domingo, 20 de septiembre de 2009

Adhesión del Presidente Rafael Correa a la Marcha Mundial por la Paz y No violencia



Ciudadanas y ciudadanos del mundo, ecuatorianas y ecuatorianos:

Por mandato Constitucional el Ecuador es un territorio de paz y su suelo no puede ser usado para establecer bases militares extranjeras. Sus fuerzas armadas fundadas en los principios democráticos tienen la misión de proteger los derechos, las libertades y las garantías ciudadanas, asi como defender la soberanía y la integridad territorial de la República.

Por eso, en nombre del pueblo ecuatoriano y de mi gobierno me adhiero con la más absoluta convicción al clamor de millones de seres humanos, sin distinción de orígen, condición étnica, lengua, creencia, cultura, edad ni género, que se identifican en la misma aspiración de un mundo de paz y que han tomado la iniciativa de elevar su voz y afirmar su presencia, en la primera Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia.

Este hecho, inédito en la historia, promovido por el Movimiento Humanista, se propone recorrer todas las calles y los caminos del mundo, para pedir a todas las potencias el completo desarme nuclear y que se proscriba la construcción y uso de las armas de destrucción masiva; el retiro inmediato de las tropas de cualquier país que se encuentren en territorios extranjeros contra la voluntad de los pueblos que los habitan; la reducción progresiva y proporcional del armamento convencional; la firma de tratados de no agresión; la renuncia de los gobiernos a utilizar la fuerza o la amenaza de la misma para resolver los conflictos o imponer acciones que van en contra de la dignidad de los seres humanos, de su identidad, de su libre expresión, y el rechazo a toda forma de violencia, despertando al mismo tiempo la conciencia universal a favor de la paz.

Mi gobierno, solidario con la voluntad unánime de América Latina, apoya esta propuesta evocando el memorable y fundamental acuerdo de Tlatelolco, mediante el cual nuestro continente se constituyó hace ya 40 años en la primera región del mundo, libre de armas nucleares. Mas aún, nuestra vocación pacifista, nuestro convencimiento del valor absoluto de la paz nos ha llevado a poner en marcha un radical proceso de cambio bajo el mismo signo de la paz.

Por eso, nuestra revolución ciudadana se desarrolla por los cauces del diálogo y la participación, excluyendo en forma terminante cualquier recurso no pacífico, con la alegría de un pueblo que canta sin temor por sus victorias y por sus esperanzas.

Vale la pena recordar que en la vorágine de violencia que ha sufrido América Latina, Ecuador es el país más pacífico de la región. Es un país soberano y altivo que no permitirá nunca mas, como lo ha probado el Gobierno de la Revolución Ciudadana, la instalación de bases militares extranjeras que a lo largo de la historia del Continente, fueron generadoras de violencia, injustica e intervencionismo.

La aspiración de mi pueblo y de mi gobierno consiste en erradicar definitivamente del territorio ecuatoriano, todas las formas de violencia, tanto aquellas que fueron cruelmente practicadas por el estado durante la tenebrosa noche neoliberal, como aquellas que han enfrentado a unos ciudadanos contra otros, ensangrentando campos y ciudades.

Es necesario comprender que la paz no es solo la ausencia de violencia, sino y fundamentalmente, la presencia de justicia. Como lo señalara Paulo VI en su encíclica Populorum Progreso, el desarrollo es el nuevo nombre de la paz, tesis que expresa una alianza solidaria entre los seres humanos, que determina el destino universal de los bienes y la necesidad de conjugar solidaridad y crecimiento económico, con opción preferencial por los pobres y desheredados de la tierra.

Sabemos que muchas formas de violencia tienen su raíz en los perversos sistemas excluyentes, que pisotearon los derechos fundamentales del hombre y del ciudadano y sacrificaron todos los valores en el mezquino altar del mercado. Y sabemos también que la soñada meta de la paz, la libertad y el derecho solo podrá ser alcanzada sobre la base primordial de la justicia y del respeto mutuo; mas aún, cuando se trata de América Latina, el continente mas inequitativo del planeta, que es víctima de expresiones peores que las balas y que se manifiestan cada vez que los grupos dominantes derrochan poder y opulencia, verdadera vergueza frente al hambre y la miseria de las grandes mayorías. Esto definitivamente tiene que cambiar, porque ahora sí la historia tendrá que contar con los pobres de América.

Con esta certidumbre y con la voluntad inquebrantable de luchar sin descanso por este objetivo, el próximo 18 de Diciembre, el pueblo ecuatoriano y mi gobierno abriremos los brazos para recibir la multitudinaria Marcha por la Paz en el corazón de Quito, en esta entrañable Plaza Grande que ha sido el escenario de actos fundamentales de nuestra historia, para decir al mundo entero que estamos marchando también y que seguiremos marchando hasta Enero del año 2010, cuando este singular peregrinaje llegue a su destino en Punta de Vacas, en la hermana República de Argentina.

Quiero finalmente hacer un llamado a todos los líderes políticos, sociales, culturales y religiosos del Ecuador, de la region andina, de toda nuestra América y a los de todas las latitudes del mundo, para demandar su adhesión y su apoyo a esta ejemplar iniciativa ciudadana, que ha provocado la primera movilización unánime de la humanidad y que esa marcha gigante repita, en un coro solidario el antiguo y siempre vigente poema de Rafael Alberti:

Lo grito aquí: ¡Paz! Y lo grito
llenas de llanto las mejillas
¡Paz, de pie! ¡Paz! ¡Paz, de rodillas!
¡Paz hasta el fin del infinito!
No otra palabra, no otro acento
ni otro temblor entre las manos
¡Paz solamente! ¡Paz, hermano!
Amor y paz como sustento."

Hasta la victoria, siempre, compañeros!

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